Recibes en la banda, el defensa sale a presionarte y tu compañero pide la bola en el centro. Tienes medio segundo. Si en ese medio segundo empiezas a pensar qué hacer, lo más probable es que cuando lo decidas la jugada ya no exista: el pase está cerrado, el compañero se ha movido y el rival te ha encimado. Cualquiera que haya jugado a hockey patines conoce esa sensación.
Cuando hablamos de velocidad en este deporte solemos pensar en las piernas, pero buena parte de lo que parece velocidad es anticipación. Todos conocemos a algún jugador que no patina más rápido que nadie y, aun así, siempre llega antes. La diferencia está en que él ya sabía lo que iba a hacer. Y eso, por suerte, se puede trabajar.
Lo que pasa antes de que llegue la bola
La toma de decisiones empieza bastante antes de recibir. Mientras la bola viaja hacia ti, tienes tiempo de levantar la cabeza y hacerte una idea de dónde están tus compañeros, por dónde viene la presión y qué espacio queda libre. Con esa imagen en la cabeza, cuando la bola llega al stick solo te queda ejecutar. Si no miras antes, todo lo demás llega tarde, y es una de las razones que explicamos en por qué fallas pases fáciles.
Los jugadores que deciden rápido suelen llevar, además, una segunda opción preparada. Si el pase al compañero se cierra en el último momento, ya saben que la alternativa es conducir hacia el hueco o proteger la bola y esperar el apoyo. Tener ese plan B es lo que evita el bloqueo cuando lo que habías pensado deja de ser posible. Y conviene no esperar a que aparezca la jugada perfecta: mientras la buscas, la defensa se recoloca. En la mayoría de situaciones, la primera opción buena que ves es suficiente. Pensar demasiado es, de hecho, uno de los errores que más te hacen jugar peor.
Cómo llevarlo a los entrenamientos
Muchos ejercicios repiten siempre la misma secuencia: pase, control, tiro. Son útiles para la técnica, pero no te obligan a elegir. Los que de verdad mejoran la velocidad mental son los que tienen oposición, espacios reducidos o un número limitado de toques, porque te ponen en situaciones parecidas a las del partido. Si tu entrenador los propone, aprovéchalos al máximo. Y si no, puedes añadir tú mismo un pequeño hábito a cualquier ejercicio: antes de cada recepción, pregúntate qué vas a hacer con la bola. Parece poca cosa, pero repetido durante semanas acaba saliendo solo en los partidos.
¿Y si me equivoco?
Te vas a equivocar, y es normal. Decidir rápido significa que algunas decisiones saldrán mal, sobre todo al principio. Pero una decisión rápida que falla te deja algo aprendido para la siguiente jugada, mientras que la que no llegas a tomar no te enseña nada. Muchas veces lo que frena a un jugador no es la falta de ideas, sino el miedo a que salgan mal. Si te pasa, te recomendamos leer cómo competir sin miedo a fallar en hockey patines.
La próxima vez que entrenes, fíjate solo en una cosa: qué miras justo antes de recibir. Es un cambio pequeño, pero a la larga se nota en cada partido. Y si esta temporada necesitas renovar algo del material, en Hoquei360 te ayudamos a elegirlo.

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